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¿Qué es el “montaje hip-hop” y por qué gusta más a los jóvenes?

¿Qué es el “montaje hip-hop” y por qué les gusta más a los jóvenes? Al mencionar el hip-hop, lo primero que podemos asociar quizá sean ritmos muy fuertes, rapeos muy rápidos e incluso letras muy violentas, esa cultura callejera cargada de símbolos “rebeldes” o “antisistema”. Cuando esta cultura entra en contacto con el lenguaje cinematográfico, se forma un estilo de edición vanguardista y novedoso: el llamado montaje hip-hop. Hip-hop

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¿Qué es el “montaje hip-hop” y por qué gusta más a la gente joven?

Cuando hablamos de hip-hop, lo primero que se nos viene a la mente suele ser un ritmo muy marcado, un rap muy rápido e incluso letras muy violentas: toda esa cultura callejera cargada de símbolos de villano. Cuando esta cultura entra en colisión con el lenguaje cinematográfico, se forma un estilo de montaje novedoso y vanguardista, el llamado montaje hip-hop.

El montaje hip-hop fue creado y formulado de manera oficial por el director Darren Aronofsky. Aunque antes de él, por ejemplo en “Beat Street” (1984) o “Do the Right Thing” (1989), ya se había intentado combinar la música hip-hop con la narración cinematográfica, aquello aún no era maduro: solo había hip-hop, pero no montaje. Hasta la aparición de Aronofsky, que en su ópera prima “Pi, fe en el caos” mostró el germen de este estilo: aunque no se trata de una película relacionada con la cultura hip-hop, la cámara temblorosa, el montaje fragmentado, los primerísimos planos extremos, junto con una banda sonora inquietante, penetran directamente en el mundo espiritual de los personajes. Pero en ese momento, ya había montaje, aunque todavía no había hip-hop.

No fue hasta la llegada de “Réquiem por un sueño” en el año 2000 que este estilo de montaje hip-hop alcanzó su plena madurez. En cuanto a la forma, consiste en la rápida conexión de una serie de planos cortos, que al mismo tiempo se combinan con el sonido para formar un ritmo muy potente. Ese ritmo se acopla a la narración mediante la sensación de groove que genera y finalmente cristaliza en una intención crítica que transmite emociones o refleja el tema; todo eso es precisamente la esencia del rap hip-hop.

“Réquiem por un sueño” no utiliza este recurso solo en una secuencia concreta, sino que toda la película está unificada en este estilo; incluso en los pasajes sin música, el ritmo está siempre presente. A través de esta obra también podemos ver que el montaje hip-hop exige un trabajo sonoro extremadamente cuidadoso y en constante transformación. A veces, los distintos efectos de sonido crean una melodía como si fueran una secuencia de notas regulares; para generar groove se recurre a la repetición de planos y sonidos; otras veces hace falta un acento fuerte que “rompa” esa melodía y produzca una sensación de salto, como un contratiempo. En ocasiones también se necesitan sonidos asíncronos, es decir, un desajuste entre sonido e imagen para crear un contratiempo rítmico y sugerir caos. Por eso, aunque el montaje hip-hop pueda parecer caótico, en realidad la emoción que transmite es extraordinariamente clara. Dicho esto, el montaje hip-hop creado por Aronofsky no es una aplicación superficial de música hip-hop para “marcar los golpes” en la edición; el montaje a ritmo puede ser solo una apariencia: en el fondo, se apoya en el núcleo narrativo propio del rap.

Sin embargo, el montaje hip-hop de Aronofsky tiende a ser demasiado violento y desesperanzado, del mismo modo que el rap no vive únicamente en el underground: también tiene un lado positivo y alentador. Otro director que ha llevado esta técnica a la cima es Edgar Wright. En sus obras, la combinación de música, ritmo y narración es mucho más fluida. Por ejemplo, en “Baby Driver”, tanto el diseño de la acción como el montaje de los planos logran un efecto narrativo perfectamente sincronizado con la música. A diferencia de la oscuridad de Aronofsky, Wright aplica esta técnica de montaje hip-hop sobre todo en la comedia. En el inicio de “Hot Fuzz”, por ejemplo, el uso abundante de efectos de sonido, la intervención de la voz en off y una velocidad de montaje aún más rápida construyen una narración muy cercana al rap, con una caracterización más rica. En muy poco tiempo se transmiten las hazañas heroicas del protagonista, pero al final del montaje aparece un contraste cómico. Recurso similar que se repite continuamente en la filmografía de Wright.

La principal característica del montaje hip-hop es que, en el tiempo que dura una canción, puede transmitir un tema y una gran cantidad de información, y además ofrece una enorme flexibilidad de montaje: puede ser tan llamativo y veloz como un videoclip. Por eso es especialmente apreciado por el público joven. Pero, al mismo tiempo, exige que el montador sea capaz de organizar una gran cantidad de material y convertirlo en un flujo rítmico coherente, lo que sin duda requiere una base técnica muy sólida.

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